Paz Encina causó sensación con su primer largometraje, Hamaca paraguaya (2006), que se proyectó en Un Certain Regard en Cannes y ganó el Premio FIPRESCI. Desde entonces, ha realizado algunos cortometrajes y el documental Ejercicios de memoria en 2016. Ahora su nueva película EAMI se presentó en la Competición Tiger del IFFR, donde se alzó con el Premio Tiger. Es una obra que se etiqueta como documental en el dossier de prensa. Aun así, esta película que aborda temas como la deforestación de la selva paraguaya y otras cuestiones es notoriamente difícil de categorizar.
La palabra eami es como llama el bosque la población Ayoreo-Totobiegosode, pero también podría significar el mundo. El trasfondo de la película es el desplazamiento forzado de ese grupo de personas, que vivían en la zona del Chaco paraguayo del Norte, por una de las deforestaciones más rampantes del mundo, ya que las empresas utilizan la tierra para la ganadería. El enfoque de Encina sobre el tema es bastante radical. Por un lado, es la historia de una niña llamada Eami, pero también parece ser la versión más reciente de La Asojá, la mujer-pájaro-dios que transmuta el espíritu. Fue un tigre, una planta, luego un jaguar, y hoy es una niña que debe sanar su dolor.
La narración tiene la cualidad de un flujo de conciencia, pero desde una perspectiva omnisciente, que parece atravesar el tiempo. En ese sentido, no es diferente de la divagación de la anciana Johanna Fähmel en Nicht versöhnt oder Es hilft nur Gewalt, wo Gewalt herrscht (1965) de Jean-Marie Straub. La violencia perpetrada contra los pueblos indígenas está siempre presente pero solo se presenta indirectamente a través del sonido o el uso del color. La cinematografía es exquisita, pero sufre de no ser mostrada en una pantalla grande, al igual que A Human Position. Sin embargo, una configuración adecuada de cine en casa debería ser capaz de capturar los matices de la banda sonora cuidadosamente modulada. La película es muy recomendable, siempre que puedas verla en un cine.
